Sanar mi lugar en el mundo

“Somos seres espirituales haciendo una experiencia humana”, dijo Pierre Teilhard de Chardin, sacerdote jesuita que vivió hasta mediados del siglo veinte.
No somos seres humanos que de vez en cuando tenemos una experiencia espiritual, ya sea porque vamos a una meditación, o a un templo, o pasamos un tiempo de retiro y luego retornamos a la realidad. No. Es al revés: somos un ser espiritual, que hace una experiencia humana.
Las plantas son seres espirituales que hacen la experiencia de ser planta. El animal es un ser espiritual, que hace la experiencia de ser animal. Así ocurre con todas las formas de vida. Lo podríamos decir de esta forma: un mismo software: el Espíritu, atraviesa diferente desafíos de hardware. Visto de esta forma, no hay lugar para el concepto de superioridad de una especie sobre otra. Solo hay diferentes desafíos.
Hay personalidades agradables y otras desagradables, pero todas las personalidades son una limitación de quienes somos. Una máscara incompleta. La personalidad refleja mucho más al entorno que nos recibió, que a nosotros mismos. El ser humano habla mucho de libertad, pero ninguno podrá descubrir lo que es ser libre, hasta que no reconozca los barrotes de su personalidad. Tener personalidad no es malo, es inevitable. Creer que solo somos la personalidad, es ignorancia de nuestra verdadera naturaleza ilimitada.
Un hombre fuerte es aquel que venció a otro hombre.
Un hombre muy fuerte es aquel que venció a muchos hombres.
Un hombre invencible, es aquel se venció a sí mismo. Aquel que venció a los barrotes de su personalidad.
Sanar mi lugar en el mundo es descubrir cuáles rasgos soy y cuáles rasgos tuve que ser.
Regalarme este proceso de indagación, es honrar la oportunidad de ser humano.
Eso me llevará a descubrir que el resto de los seres vivos también son seres espirituales haciendo su experiencia. ¿Quién dijo que el ser humano es mejor que los demás? No conozco ningún humano que dé tanto amor como cualquier perro doméstico. Diferente sí. ¿Mejor?
El día que utilicemos nuestra oportunidad de ser humanos, la oportunidad de cuestionar nuestros hábitos y costumbres, dejaremos de creer que somos el centro de la creación. Eso es el egocentrismo. Y nos daremos cuenta de que somos un punto dentro del sagrado círculo de la creación.
Como también dijo Teilhard de Chardin: “El perro sabe, pero no sabe que sabe”.
Yo no puedo afirmar que los perros no saben, pero me animo a afirmar que la mayoría de los humanos no saben que saben.

Por Alejandro Corchs – Escritor best seller – Hombre Medicina –
Custodio de la Sabiduría de los Pueblos Originarios de América –
Terapeuta en Tanatología – Terapeuta de grupo, pareja y familia

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